Las lluvias volvieron a exhibir la realidad de la capital potosina bajo el gobierno de Enrique Galindo Ceballos: una ciudad incapaz de soportar una tormenta de intensidad moderada.
La inundación registrada en la salida a Guadalajara se convirtió en una muestra evidente del deterioro de la infraestructura urbana y de la falta de mantenimiento en el sistema pluvial.
Mientras negocios y automovilistas sufrían las consecuencias, la administración municipal volvió a quedar rebasada por una problemática que se repite cada temporada de lluvias.
Para muchos ciudadanos, resulta cada vez más evidente que la prioridad del alcalde está en la promoción de su imagen y no en atender las obras necesarias para evitar que la ciudad colapse cada vez que cae una tormenta.